La salud emocional, una pieza clave en el Parkinson
Cuando hablamos de salud, solemos pensar en términos físicos: movilidad, autonomía, tratamiento farmacológico. Sin embargo, la calidad de vida es un concepto mucho más amplio. La salud psicológica no es un complemento, sino un pilar esencial dentro del abordaje integral de una enfermedad.
En el contexto del Parkinson, el diagnóstico y la evolución de la enfermedad suponen cambios físicos, sociales y personales que pueden influir profundamente en la forma en que la persona se percibe a sí misma y en su manera de relacionarse con el entorno.
La cohesión, la comunicación y el apoyo dentro de la familia son pilares esenciales para afrontar la enfermedad de manera conjunta. Mantener vínculos, participar en actividades y sentirse parte de la comunidad protege frente al aislamiento y refuerza el bienestar emocional.
Conservar roles con significado y participar en actividades que aporten satisfacción resulta clave para preservar la identidad personal más allá de la enfermedad. Del mismo modo, adaptar el entorno, aprender nuevas estrategias y sentirse capaz de afrontar el día a día mejora la percepción de seguridad y estabilidad.
Desde nuestra asociación acompañamos tanto a las personas con Parkinson como a sus familias, porque entendemos que la enfermedad impacta en todo el sistema familiar. Ofrecemos un espacio seguro donde expresar miedos, dudas y emociones, y donde adquirir herramientas prácticas para afrontar los retos cotidianos.
Nuestro objetivo no es intervenir únicamente cuando aparece el malestar, sino fortalecer recursos personales que favorezcan la resiliencia, la adaptación y el bienestar a lo largo de todo el proceso.
En este Día Mundial de la Psicología queremos reconocer la importancia de este acompañamiento profesional y recordar que pedir ayuda también es un acto de fortaleza.
Seguimos trabajando cada día para que las personas con Parkinson y sus familias no solo vivan más años, sino que vivan mejor.

